Aunque Paradiso no fuese 16 años anterior que 100 años de soledad, seguiría siendo igual de bueno. ¿Qué es eso de comparar? Uno compara el precio de dos marcas de pastas de dientes.
Paradiso. Un paraíso estético, un viaje por las imágenes. En este sentido, Paradiso tiene mucha similitud con el cine, por lo visual del material, aunque si tuviera que adoptar un género cinematográfico sería el surrealismo. La frondosa cantidad de imágenes, un bombardeo casi incesante y perturbador de símbolos, la adjetificación (como acto de convertir en adjetivo) de cualquier significante y la casi inexistente intención de dar centralidad a una trama con continuad y relevancia, son solo algunos de los motivos por los cuales esta obra está tan férreamente ligada al movimiento barroco.
En el mismo momento que comencé esta lectura, generó un punto de inflexión en mi tradicional método de lectura de que si un libro no lograba atraparme lo suficiente, sería descartado en el siguiente acto. Paradiso se volvió parte de un desafío personal y decidí no dejarme vencer por su carácter altamente disgregativo.
Al principio pensé que el problema era mío, suelo distraerme con facilidad, perder el hilo de los hechos y no tener muy clara la procedencia de los personajes, pero llegué a un punto en el que el autoreproche, por realmente no tener idea sobre quién estaban hablando, se detuvo. El mismo Lezama Lima indicó en sus páginas que retomaría a un personaje ya mencionado mas no profundizado en lo que iba de la obra (yo pensaba que se le había olvidado). Ya, en el capítulo VI hay cierta continuidad y logro reconocer y seguir a algunos de los personajes. Las familias de José Eugenio Cemí y Alberto Olaya resultan cada vez más familiares (valga la redundancia), pero aun siguen apareciéndome tres dudas.
Hasta un cuarto del libro, solo se ha hecho mención una vez del supuesto personaje principal y la mención no es nada menos que sobre cuando éste, José Cemí, nisiquera hablaba, sino que tenía un par de meses. Hasta ahora, lo único que sé es que lo habían picado los mosquitos y que sus padres no le habían puesto atención a su agonía. Esta movida que hace Lima con los personajes es muy interesante, cómo transporta el énfasis hacia el lenguaje, la descripción de eventos aleatorios, los detalles subyacentes a la trama central y otro montón de cuestiones más allá de los personajes.
Segunda duda. Se me genera una especial atención, en estas dos familias, por la estructura jerárquica que tienen, regidas cada una de ellas por una mujer de edad avanzada (Vieja Mela y Abuela Munda), lo que despierta en mi el símbolo del matriarcado. Una Vieja Mela que esconde 300 rifles, ¿Quién tiene el poder?
Un tercer y último detalle a explorar durante esta reflexión, la genealogía. Es un libro que te fuerza a tomar un lápiz, tomar un papel y anotar a sus personajes, interiorizarte en el período del criollismo, detenerte en los rasgos distintivos entre la cultura inglesa (madre de José Eugenio Cemí) y vasca (familia paterna del mismo). Cultura, historias y costumbres de la Cuba criolla.